Saturday, June 12, 2021
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¿Y el chino dónde quedó?

Este 2020 una nueva zoonosis (enfermedades transmitidas por animales a humanos) viral ha cobrado la vida de un millón y medio de personas en todo el mundo, y de casi 110 mil mexicanos. Esta enfermedad es consecuencia del tráfico ilegal de animales silvestres. Este delito no sólo no se está combatiendo en nuestro país, sino que va en incremento; y quienes lo cometen están libres y campantes.

En México, el decomiso de ejemplares de fauna silvestre se incrementó al menos en mil por ciento este año en relación con el 2019, lo que es una clara muestra de que el tráfico ilegal de vida silvestre va en grave ascenso.

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Y el hecho de que los animales sean sustraídos de su hábitat natural, maltratados y comercializados ilegalmente, además de ser uno de los principales factores de transmisión de enfermedades zoonóticas, ya es la segunda causa más importante de extinción de especies en todo el mundo.

La Procuraduría Federal de Protección del Medio Ambiente señaló que en el 2019 decomisaron 5 mil especies silvestres, 3 mil de fauna y 2 mil de flora, pero en este año, sólo en tres operativos, decomisaron 31 mil 168 ejemplares, lo que representa un incremento superior a mil por ciento.

En el mes de mayo, en el Aeropuerto de la CDMX decomisaron 15 mil tortugas; en septiembre, 383 psitácidos en Chiapas, y la semana pasada en la alcaldía Iztapalapa la Fiscalía General de la República (FGR) y la Guardia Nacional decomisaron 15 mil 785 animales silvestre.

Estas cifras revelan el gravísimo incremento de este delito alrededor de toda la República. Es claro que mientras no haya herramientas jurídicas y judiciales para castigarlo, no solo no se abatirá, si no que seguirá creciendo y provocando una mayor y más acelerada extinción de especies, más enfermedades zoonóticas, más recursos ilícitos para el extranjero y menos aprovechamiento sustentable de especies para las comunidades rurales e indígenas de nuestro país, cuando miles de personas viven de ello.

Las organizaciones y asociaciones que nos dedicamos a la conservación y protección de fauna silvestre no nos podemos quedar de brazos cruzados. Es nuestra responsabilidad y obligación hacer algo para contribuir a combatir el tráfico de especies.

Quiero compartirles que yo, como presidente de la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios de México (Azcarm), con el apoyo de diferentes diputadas y diputados, presentaré en la Cámara de Diputados una iniciativa para homologar las sanciones previstas en el Código Penal Federal y en la Ley General de Vida Silvestre para intensificar las penas para los traficantes de animales y atacar y desalentar este delito.

Lo que buscaremos es la homologación de las sanciones previstas en ambos ordenamientos, para eliminar la posibilidad de que las sanciones puedan ser conmutadas y que las autoridades puedan hacerse de la vista gorda ante la comisión de este grave crimen, dejando a los traficantes rápidamente libres y sin sanciones, como sucede actualmente.

Yo quiero saber dónde está el chino de las 15 mil tortugas decomisadas que estaba traficando y tuvo el cinismo de ir a reclamarlas y que no lo detuvieran. Después de todos estos tremendos decomisos, cuántos traficantes de animales silvestres están en la cárcel. Ellos no están robando, asaltando o cometiendo un fraude, están provocando que cientos de especies desaparezcan del planeta; que millones de humanos contraigan virus zoonóticos y pierdan la vida; y generando pérdidas económicas en el mundo que asciendes hasta 23 mil millones de dólares anuales. Todo ello, sin duda, amerita que todo el peso de la ley recaiga sobre los traficantes de vida silvestre.

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