Tuesday, June 22, 2021
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El enemigo es la amígdala

¿Cuántas veces nos hemos lamentado de haber hecho o dicho cosas sin pensar? ¿De cuántas decisiones erróneas nos hemos arrepentido? El costo de actuar los impulsos sin filtrarlos a través de la razón, puede alcanzar proporciones estratosféricas; incluso, una decisión tomada en segundos, puede generar consecuencias que se prolongan a través de muchos años. Y muchas de ellas de carácter irreversible. Las decisiones impulsivas parten de las respuestas emitidas por nuestro cerebro reptil, mejor conocido como sistema límbico. Una zona comprendida por el hipotálamo, la amígdala, y otras estructuras en la base del cerebro. Es un tejido que lleva miles de años en la evolución de los animales, incluidos nosotros. Y se encarga de la administración de emociones básicas como el miedo, el amor, la sexualidad y la agresión. El asiento de los impulsos más primarios y temperamentales. Sin embargo, en realidad se precisa solo de unos segundos, para que el mensaje emitido por la amígdala, alcance a llegar al neocórtex (la delgada capa que recubre al cerebro superior) y que esos impulsos puedan ser modulados por la razón y la cordura. El problema, es que generalmente terminamos vencidos por las reacciones primarias y elementales del área límbica, basadas en los impulsos de ataque y defensa. Estas estructuras juegan un papel muy importante para mantenernos con vida en situaciones de peligro. Pueden marcar la diferencia total entre la vida y la muerte en ciertas circunstancias; son capaces de generar reacciones en una fracción de segundo. Pero empleadas para dirigir nuestras decisiones en la interacción social, frecuentemente pueden acarrearnos un infierno. Gritar e insultar son respuestas impulsivas comunes a mitad de una discusión; eso pasa cuando no permitimos que el impulso eléctrico emitido desde la amígdala, llegue a capas superiores del cerebro para ser procesado por la razón. Bastan unos segundos dilatando nuestra respuesta, para evitar ser dominados por un impulso, y entonces la neocorteza hará su trabajo: producir reacciones basadas en la cordura y la templanza. Es curioso que el mismo tejido que nos puede salvar la vida, es capaz de arruinárnosla. _
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